Pequeña historia de la emigración española

 en Langenthal

 

A comienzo de los años sesenta, comenzaron a llegar españoles emigrantes a esta población suiza  llamada Langenthal. – entonces todavía pueblo,  "el mayor pueblo de Suiza", referían con orgullo sus habitantes-, convertida  en ciudad desde el primero de enero de 1997.

Fuimos pocos los primeros que llegamos a  Langenthal,  algo menos  de una veintena. Al principio, la mayoría  procedíamos de Andalucía y Galicia;  más tarde fueron viniendo también de otras regiones.

El ir y venir de emigrantes españoles  a esta población no ha cesado hasta bien entrados los años noventa  y,  aún hoy,  persiste;  aunque sea mayoritariamente  por razones familiares.

Una parte muy importante vino a trabajar en la construcción; algunos, pocos, a la agricultura.  Muchos de los que  siguieron a estos primeros emigrantes vinieron contratados  bajo el denigrante Estatuto del Temporero, que se ha mantenido hasta casi finales del siglo XX y por el que Suiza debería avergonzarse  y pedir perdón. 

Estos primeros emigrantes,  junto con empresarios necesitados de mano de obra,   crearon la base para darse a conocer entre familiares y amigos residentes en España,  (todos con necesidades y deseos de abandonarla para mejorar su situación). Trajeron  más,  estos  animaron a otros  y  así el número de españoles se fue incrementando.  Procedían ya  de otras regiones españolas, incluidas  Aragón, Asturias,  Cataluña, las dos Castillas  y  Vascongadas, incluso un número importante procedentes de la  capital,  Madrid.

Muchos eran contratado para el trabajo en  la construcción,  en algunas  empresas radicadas en Langenthal  y  alrededores,  entre las que  cabe recordar a las empresas  de Langenthal,   Bösiger  y  Hector Egger  y otras que,  además de dedicarse a la construcción de edificios, construyen y reparan carreteras,  como son Witschi  y  König.  Otros españoles se fueron incorporando a la industria, por cierto,  ya entonces muy  desarrollada. La fábrica de porcelana,  Porzellanfabrik,  muy famosa en Suiza  y conocida mundialmente por sus productos de porcelana y aisladores para la conducción de corriente eléctrica de alta tensión, tenía un anagrama consistente en un rombo con bandas azules,  a semejanza de la bandera de esta población. En su extremo superior estaba escrito Suisse y en el inferior Langenthal. Empresa hoy casi desaparecida,  dio trabajo a muchos de nuestros compatriotas,  principalmente  a mujeres.

Otra rama de la industria muy próspera en aquella época era la textil. Destacaría entre todas, a  la empresa, Gugelmann, hoy  también desaparecida, que empleó a  mano de obra procedente de las fábricas textiles de Cataluña y de otros muchos lugares.

Otras empresas textiles que aún permanecen son la de Baumann,  fabricante de tejidos de notoria alta calidad   para interiores y cortinas, Otra fue Möbelstoffweberei, hoy Cantal,   productora de tejidos para muebles y asientos muy apreciada por constructores de aviones comerciales,  trenes y autocares.

Por el número de españolas que emplearon entonces, merecen mención:  la fábrica de chocolates Gubor, hoy desaparecida; el hospital de Langenthal, que empleó y continua empleando a un buen número de compatriotas.

Había otras fábricas de  menor tamaño, algunas de  confección como la fábrica Lehsa y otras.  Algunas  radicadas en las poblaciones cercanas,  como  es el caso,  por ejemplo,  de la fábrica de alfombras Teppichfabrik, hoy también Lantal de Melchnau  y  otras  muchas que dieron y continúan dando empleo a algunos  compatriotas.

Otros centros de trabajo lo constituía y constituye  el ramo metalúrgico, distribuido entre varias empresas. Destaca  entre todas la empresa Ammann, una empresa familiar muy especializadas en maquinaria industrial y de servicios, a la que más tarde se añadió y amplió con   la maquinaria pesada de la construcción.  Así mismo merecen mención  la empresa  Nencki, dedicada a la fabricación de aparatos hidráulicos  de alta precisión y construcción de  camiones  y  volquetes para el transporte de hormigón.

 

Había más,  por el número de españoles que empleó al principio,  se debe nombrar aquí la empresa Carrosserie Langenthal. Una empresa que en sus orígenes había carrozado automóviles, autobuses y camiones; en aquella época, en la que sólo se construían camiones y remolques  de variados tipos,  comenzó a emplear el aluminio para la construcción de diversas carrocerías. Se reparaba y mejoraba la carrocería de diferentes tipos de automóviles de importación americanos de serie,   adaptándolo a las necesidades del mercado nacional. También se reparaba,   y  continua hoy haciéndolo, la carrocería de vehículos y se  sigue con la construcción de carrocerías de  todo tipo.

 

 

 

Los emigrantes españoles y sus organizaciones

 

Antes de  mediados de los sesenta comenzaron los primeros intentos de crear una asociación de españoles. No se sabía como,   ni por qué,  ni para qué, no teníamos un fin determinado,  pero se sentía la necesidad.  La experiencia en este tipo de organizaciones era entonces nula, éramos aún muy jóvenes y,  en España,  las leyes de la dictadura franquista  prohibían el derecho de reunión y asociación.

Quisiera recordar que gracias a la iniciativa de un grupo, unos quince o veinte españoles  nos reunieron en una sala de la fábrica de  porcelana cedida por su  director de entonces,  que está casado con una española,  para iniciar el primer intento de crear un club español en Langenthal.

Aquel primer intento no cuajó, pero sí el segundo,   gracias a los aficionados al deporte del balompié, que era como se denominaba entonces en español  al fútbol.

Tuvieron lugar unas primeras reuniones  en Murgenthal,   en donde  se sentaron las bases para decidir un encuentro  que dio origen  a lo que podríamos denominar una “Asamblea Constituyente”,    que se celebró  en una sala del restaurante Löwen en la cercana población de Wynau,  entre Murgenthal   y  Langenthal. Ocurrió  en 1965  y se le denominó  Club Deportivo Español.  Su objetivo era el mantenimiento de un equipo de fútbol,  que llegó a cosechar,  más tarde, ya asentado en Langenthal,  algunos éxitos jugando en cuarta y tercera liga. En aquella época,  avanzado ya los sesenta,  deberíamos ser entre  400 y 600  o más compatriotas en Langenthal y sus cercanías.

Poco después, -Wynau nos resultaba alejado-, se apartaron  de esta primera asociación algunos de sus directivos  y  fundaron  en Langenthal,   en una sala del Restaurante  Löwen,   ya desaparecido,  situado en el  extremo occidental de la Marktgasse,   principal calle de la población,  y  se le denominó Club Recreativo Cultural.

Pronto,  casi la totalidad de los españoles se asociaron al nuevo Club sin dejar, en muchos casos, de continuar perteneciendo al  Club Deportivo Español de “ Wynau”.

 

En el Club Recreativo Cultural se comenzó a realizar algunas actividades culturales y recreativas sin grandes aspiraciones, pero algo queríamos hacer. Entre  juegos y campeonatos de juegos de mesa, se logró representar algunas obras de teatro de aficionados que cosecharon éxitos entre nosotros.  Así  nos sentíamos  útiles,  era una forma de  afianzar nuestra propia identidad,  de sentirnos  alguien,  de intentar ser solidario, aunque fuese sólo durante los fines de semana, en una sociedad - la suiza -  cerrada, que no mostraba el más mínimo interés en asimilar lo extraño, incluso algunos suizos, generalmente de baja formación cultural,  se mostraban hostiles ante los extranjeros, considerándonos un pueblo inferior, ignorando nuestra historia y nuestra cultura,  o tal vez temiendo ser desplazados de su mediocre puesto de trabajo.

 

Pronto surgió un competidoren Langenthal,  El Club Deportivo Español de “Wynau” allá por 1967   se trasladó a Langenthal, a un viejo y destartalado local del Restaurante Volkshaus, antigua casa del pueblo,  sito en una tranquila calle y plaza al otro extremo de la misma Marktgasse,  local, que hubo de ser totalmente renovado y  amueblado por los socios.

Numerosas familias españolas solían pasar muchas horas los fines semanas reunidas en las salas de ambos clubs,  una a cada extremo  de la misma calle.  Allí,  las carreras, gritos  y juegos de los pequeños,   a los que más tarde se le ha denominado segunda  generación,   no molestaban a los parroquianos por encontrarse las salas  separadas de los restaurantes propiamente dichos.

Ambas asociaciones convivieron y compitieron durante un largo periodo de tiempo; existió incluso un amago de enfrentamiento entre compatriotas de una y otra. A pesar  de los buenos intentos por parte de algunos asociados de unir  ambos  clubs,  no se logró. Hasta que al final no hubo otra salida,  no  porqué prevaleciera el  buen sentido; se debió  al derribo del Restaurante Löwen,  en donde el Club Recreativo y Cultural  tenía su sede,  para dejar paso a un nuevo edificio de locales comerciales y viviendas.

A partir de aquel momento es cuando comienza a discutirse el nuevo nombre del Club. Ya había experiencia: unos trataban de mantener su nombre aludiendo al deporte del fútbol,  muy en boga  entonces como ahora;  otros, defendían con ardor    el  aspecto cultural y recreativo del segundo.  Alguien propuso  llamarle Centro Español  sin más,  y  aunque al principio,  no tuvo demasiados adeptos, fue el que al final prevaleció hasta nuestros días. Poco a poco, casi sin darnos cuenta se le ha añadido Langenthal.

Ya avanzado los años setenta,  surgió una nueva Asociación en Langenthal, una especie de filial de una organización a nivel estatal en Suiza, denominada Asociación de Trabajadores Españoles Emigrantes en Suiza  conocida por  sus siglas ATEES.

No dispuso de local y su afiliación no creció mucho. Fue una Asociación muy reivindicativa y muy politizada,  a causa de los cambios que en el país de origen se  necesitaban  y  de los derechos que creíamos tener en el país de acogida. 

En aquella época surgieron varias iniciativas contra el elevado porcentaje de extranjeros  en Suiza;  ninguna alcanzó la mayoría para disminuir este alto porcentaje de una forma radical. Sin  embargo,  posiblemente determinó que el Gobierno Federal creara una Comisión de Extranjeros,  para calmar los ánimos y buscar salidas y soluciones no tan radicales.  Como consecuencia de esta política  algunos cantones y municipios también crearon  Comisiones de Extranjeros,  entre ellos,  Langenthal. A través de esta Comisión se creó una Asociación que se denominó AISEL (Asociación para la Integración de Suizos y Extranjeros en Langenthal),  en la que el Centro Español se involucró muy poco,  A pesar de que no contó con el apoyo  de sus asociados, quizás para no  perder el grado de independencia que ya habíamos adquirido,  durante un tiempo hemos mantenido  un representante en ella y  desde hace años,  está prácticamente paralizada.    

En ese periodo sufrió el ya convertido Centro   Español  muchos avatares: había necesidad de salas,  otras asociaciones de suizos y extranjeros ambicionaban el local del  Restaurante Volkshaus. Este sufrió mas tarde un  cambió de gerencia, lo que se provocó por ambiciones personales de algunos  la pérdida momentánea  del local y la sala adjunta de que se disponía.

Durante un corto espacio de tiempo se encontró otra sala en el Hotel Kreuz, hoy desaparecido,  ubicado también en la misma calle. Más  tarde tuvimos que alojar el Centro  en un local del primer piso de la calle Talstrasse”. Se   intentó trasladar el Centro a la cercana población de Roggwil,  y por último,  con el acuerdo de la mayoría de los socios,  se logró habilitar con todos los servicios necesarios el sótano que existía  bajo la sala grande que,  hasta hacía poco, habíamos tenido.

Con no poco esfuerzo y algo de suerte,  pudimos recuperar  el antiguo local del restaurante Volkshaus con  la sala adjunta. Más tarde,  pese a la decisión adoptada por una  Asamblea General,   volvimos a perder la sala, por desidia de la Junta Directiva,   así  como la entrada principal  al local,  viéndonos obligados a habilitar la antigua escalera de servicio al escenario de la sala como entrada. 

Al trasladar de nuevo  la sede del Centro Español del sótano a la  antigua sala del primer piso,  dado que los servicios en el sótano no resultaban prácticos, dividimos el sótano en dos partes, dedicando una de ellas a biblioteca y oficina y otra para tienda, que más tarde, realquilamos.  Durante un tiempo nos tuvimos que servir de un  contenedor apostado a la fachada  para los servicios higiénicos, hasta que no construimos otros dentro de la sala.

Durante ese periodo existe constancia de varias modificaciones de los Estatutos que regía el Centro Español desde  1967  Hay  constancia de varias modificaciones de los Estatutos en mayo del 1973, 17 de abril de 1988 y  3 de febrero de 1990 y 10 de junio de 2001.

Las actividades se desarrollaron bastante; tratábamos todo aquello que se nos ocurría: desde cursos para aprender algo,  reuniones y conferencias de todo tipo, hasta representar  obritas de teatro y  proyectar cine, realizar fiestas con orquestas y festejar el Día de la Madre, el del Temporero, el Del Socio,  el Día del Club, el de  Fin de Año y Reyes,   también se realizaban loterías,  sin olvidar los campeonatos de Tute  y Dominó entre los muchos aficionados a estos juegos de mesa,  todo esto  sin dejar de mantener un equipo de fútbol,  así como participar un par  de años consecutivos en el Carnaval de Langenthal   muy animado  y conocido entre los aficionados a esta fiesta.

Durante estos años, con sus altas y sus  bajas  El Centro Español de Langenthal se ha ido consolidando  como asociación netamente española, abriendo los fines de semanas y festivos.  El número de españoles era,  hasta mediados de los noventa, suficiente para que,  con los ingresos de las cuotas de los socios y el consumo del ambigú que  se  hacía  en  el  local,  se pudiera mantener  el  alquiler  y   los gastos de  mantenimiento.  El local servía aún  como centro de encuentro entre las familias españolas los fines de semanas.

Al disminuir paulatinamente el número de españoles fue disminuyendo también el de las actividades que se desarrollaban en el Centro. Tuvo épocas que nos parecía que iba a desaparecer y  otras que renacía de sus cenizas con más bríos. Problemas de toda índole no faltaron, incluso soportamos un cierre impuesto por las autoridades por causa ajena  a la responsabilidad del Centro Español durante tres meses.

Ya en esas fechas el Centro Español  tenía muchos adeptos de otras nacionalidades,  el número de socios aumentaba considerablemente entre la población juvenil autóctona y extranjera que ya no se diferenciaban entre sí.  Al Centro no le llamaban por su nombre,  lo conocían por su traducción al lenguaje juvenil  “Der Spanier”, plebiscitado por todos cuantos  allí se citaban. Con todo ello  aquel Centro Español se convirtió en un abigarrado crisol de culturas sin perder su identidad original,  pero asimilando e integrando en él a varias nacionalidades.

Hoy,  nuestra asociación, nuestro Centro Español de Langenthal,  no sólo se ha consolidado como ese crisol al que nos referíamos;  es también una asociación satisfecha de sí misma y saneada económicamente, a juzgar por sus cuentas y por la opinión mayoritaria entre los socios y no socios. Con un reconocimiento tácito, aunque no   jurídico, de las autoridades locales y  fiscales, una asociación que,  sin recibir ninguna ayuda de ningún tipo durante años, cumple a rajatabla con sus obligaciones en cuanto a horarios de aperturas, higiene, limpieza y  orden, así como  las obligaciones fiscales. Y, actualmente, tiene perspectivas de continuar así aún por mucho tiempo.

Hoy,  el Centro Español de Langenthal quiere presentarse ante los cibernautas de todo el mundo  con una página que no sólo cuente su pequeña historia, queremos darnos a conocer y contribuir al entendimiento entre los pueblos, entre los hombres y mujeres  de esos pueblos,  sin ningún preámbulo ni articulo que  permita o prohíba tal o cual concepto, y que ese entendimiento se dé como  ocurre en nuestro local, en armonía, de forma espontánea, con sencillez, sin diferencias.

En  Langenthal  2006

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